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Bahía Gatti, la cordobesa que estudió en Columbia y apuesta por la educación

Estudió tres carreras, convirtió las becas en una puerta para conocer el mundo y llegó a Columbia University, donde compartió aulas con figuras como Hillary Clinton y tuvo acceso a espacios que alguna vez parecían lejanos. Ella es el personaje del mes de agosto.

Javier Colomer28 de ago de 2026
Bahía Gatti, la cordobesa que estudió en Columbia y apuesta por la educación

Hay una idea que se repite cuando Bahía Gatti reconstruye su recorrido: hacer. Hacer más allá de la facultad, probar aquello que despierta curiosidad, animarse a aplicar incluso cuando las probabilidades parecen bajas y, sobre todo, entender la educación como algo que excede ampliamente a un aula.

Ese impulso la llevó desde Córdoba hasta Columbia University, en Nueva York, pero el camino estuvo lejos de ser lineal. Hubo tres carreras universitarias, voluntariados, modelos de Naciones Unidas, experiencias laborales en otros países, proyectos de investigación, pasantías y una sucesión de becas que comenzó con pequeñas oportunidades y terminó abriéndole las puertas de algunas de las instituciones más importantes del mundo.

“Siempre con el ánimo de estar probando cosas nuevas, de no aburrirme”, empezó en diálogo con Revista Ocio.

Tres carreras y una experiencia universitaria más allá del aula

El interés de Gatti por las Relaciones Internacionales comenzó a tomar forma durante la secundaria, especialmente a partir de su participación en Modelos de Naciones Unidas. Más tarde llegaron Relaciones Internacionales, Abogacía y una doble titulación en Ciencia Política.

Para compatibilizar todo, llegó incluso a diseñar una suerte de mapa académico. “Lo que hice fue una cuenta matemática para hacer las tres carreras en cinco años, literalmente un Excel gráfico”, recordó.

Sin embargo, cuando habla de aquellos años, pone tanto énfasis en las materias como en todo lo que hizo fuera de ellas: proyectos de investigación, ayudantías de cátedra, eventos, voluntariados y experiencias internacionales.

Su relación con el estudio tampoco responde a la imagen tradicional de una alumna que sólo vivía entre apuntes. Se define como una persona muy aplicada, pero recuerda que siempre buscó maneras diferentes de aprender y hasta de rendir exámenes, relacionando los contenidos teóricos con titulares periodísticos y situaciones de la vida real. 

Esa forma de transitar la universidad también le generó dudas. “Muchas veces sigo sintiendo el síndrome del impostor”, reconoció. Y explicó que se preguntó si sus buenos resultados provenían de haber encontrado mejores estrategias para comunicar y aplicar aquello que había aprendido.

Con el tiempo llegó a otra conclusión: “Uno de los objetivos de la universidad y de la educación en general es que lo sepas aplicar en la vida real, en la práctica, y razonar, tener pensamiento crítico”.

Un recorrido construido a través de becas y experiencias internacionales

La pandemia marcó otro punto de inflexión. Con más actividades virtuales disponibles, Bahía comenzó a realizar cursos y, casi como un ejercicio permanente, a postularse a diferentes oportunidades. Ella misma se define, entre risas, como una “aplicadora serial de becas”.

El proceso fue progresivo. Primero llegaron cursos, diplomaturas y programas más pequeños. Después, experiencias de mayor escala. Participó de oportunidades internacionales, estudió en la University of New Mexico, realizó pasantías en Alemania y Portugal y continuó construyendo un perfil atravesado por la política internacional, la educación y el impacto social.

También ocupó espacios de liderazgo desde muy joven. En OAJNU llegó a desempeñarse como directora ejecutiva de la sede Córdoba, que reunía a más de 100 voluntarios.

“Fue bastante escalonado. Las primeras cosas que fui ganando fueron eventos de una semana, una beca, después otras experiencias…”, dijo.

Finalmente llegó Fulbright y con ella la posibilidad de realizar estudios de posgrado en Estados Unidos. Bahía consiguió tres becas que, combinadas, le permitieron cubrir matrícula y costo de vida. Su primera opción era Columbia y fue allí donde terminó estudiando, con foco en tecnología y comunicación.

Hillary Clinton, Naciones Unidas y oportunidades que amplían las redes profesionales

Nueva York también cambió la dimensión de las oportunidades a las que podía acceder. En Columbia tuvo clases durante un semestre con Hillary Clinton, coincidió con dirigentes y referentes internacionales y pudo conversar en distintas oportunidades con Susana Malcorra, a quien identifica como una de las figuras que más admira por la versatilidad de su trayectoria profesional.

También recuerda un desayuno con Michelle Bachelet, visitas académicas a empresas como Paramount y sus primeras experiencias dentro de Naciones Unidas. “Era increíble para mí tener acceso a esas oportunidades”, destacó.

La ONU, precisamente, ocupaba un lugar especial en su imaginario desde que comenzó a interesarse por las Relaciones Internacionales. Hoy ya habló allí en varias oportunidades. “Con el tiempo lo naturalicé, pero las primeras veces que entré a ONU me emocionaba porque había sido algo que imaginé durante muchísimo tiempo”, contó.

La experiencia también modificó la manera en la que piensa las redes profesionales. “Me dio muchísima más confianza el poder llegar a quien quiera llegar”, aseguró sobre la posibilidad de construir vínculos académicos y laborales a partir de las conexiones generadas.

“El sistema de educación en Argentina para mí es realmente muy bueno”

Vivir y estudiar en Estados Unidos también le permitió comparar dos modelos educativos diferentes. Y, contra cierta idea instalada, Gatti no considera que la formación estadounidense sea necesariamente más exigente en términos académicos.

“El sistema de educación en Argentina para mí es realmente muy bueno”, sostuvo. La diferencia, explicó, aparece en la metodología. Mientras que buena parte de la educación universitaria argentina estuvo históricamente atravesada por grandes exámenes finales y extensas instancias teóricas, en Estados Unidos encontró un sistema con evaluaciones constantes, trabajos, investigaciones, participación en clase y proyectos grupales.

Pero hay otro punto en el que la distancia es mucho mayor: los recursos.

Universidades como Columbia cuentan con financiamiento para investigaciones, experiencias internacionales, becas, eventos y oficinas dedicadas específicamente a acompañar la inserción laboral de sus estudiantes.

Para Gatti, ese vínculo entre universidad y trabajo será cada vez más importante. “Está avanzando mucho más rápido el mercado laboral que el programa académico”, advirtió. Y agregó otra reflexión: “Hay algo que realmente está muy mal si creemos que en 50 años no tiene que cambiar el sistema educativo”.

Aprender también sucede afuera del aula

Si hay un consejo que atravesó buena parte de la conversación es la necesidad de aprovechar la etapa universitaria más allá de las calificaciones. Para Bahía, la formación académica debe convivir con experiencias concretas que permitan desarrollar vínculos, habilidades de comunicación, capacidad de liderazgo y herramientas para enfrentarse al mercado laboral. “La universidad es para socializar, para construir relaciones, para construir personalidad”, señaló.

Por eso insiste en una idea que hoy también comparte con quienes la siguen en redes sociales: “Yo hago tanto hincapié en que la gente haga por fuera del aula, porque si no te pasás cinco años, vas con el CV en la mano y decís: ‘Bueno, ¿y ahora?’”.

Su recomendación no pasa necesariamente por acumular actividades, sino por experimentar, conocer distintos espacios y entender qué intereses se sostienen con el tiempo.

El próximo paso: educación y tecnología

Después de explorar distintos sectores encontró una constante en buena parte de lo que venía haciendo: la educación. Actualmente trabaja vinculada a organizaciones de impacto social y construcción de paz, pero además prepara un nuevo proyecto propio.

“Estoy creando una plataforma justamente para ayudar a otros jóvenes a acceder a más oportunidades, sobre todo de formación afuera”, adelantó. El proyecto también buscará incorporar herramientas relacionadas con los idiomas, en especial el inglés y reunir parte de la información que ella misma tuvo que aprender a buscar a lo largo de los años sobre becas, oportunidades y experiencias internacionales.

No sabe si su trayectoria seguirá siempre una línea definida, pero sí reconoce que la educación, la tecnología y la comunicación aparecen cada vez con más fuerza como puntos de encuentro.

“Devolver un poco de lo que siento que se me dio”

Gatti definió su propósito, el por qué hace lo que hace un una palabra que atraviesa su recorrido: devolver. “Creo que es, en cierta manera, devolver un poco de lo que siento que se me dio”, respondió.

Es la primera generación de su familia en completar estudios universitarios, una condición que recién terminó de dimensionar cuando llegó a Estados Unidos. Sus padres provenían del interior de Córdoba y ninguno terminó una carrera universitaria, aunque siempre impulsaron los intereses de sus hijos. Desde esa experiencia construye hoy su mirada sobre el acceso al conocimiento.

“La vida es una carrera y no todos partimos de la misma línea de partida. Y por ahí con educación podés nivelar un poco más”, reflexionó.

Años atrás, en su discurso de graduación, Bahía había pronunciado una frase que ahora adquiere otro significado: “Hagamos que el viaje valga la pena”.

Cuando se le preguntó cómo iba ese viaje, la respuesta llegó casi inmediatamente: “Mucho mejor de lo que alguna vez me esperé”.

Y quizás ahí esté es el comienzo de su recorrido, de su historia hasta ahora: una carrera construida a partir de oportunidades que primero tuvo que aprender a buscar y que hoy intenta acercar a otros para que el punto de partida, alguna vez, pueda ser un poco más parejo.

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