Por Mariana Otero
La discusión sobre si existe una frontera entre lo virtual y lo real quedó definitivamente atrás. Para Damián Supply, psicólogo y especialista en promoción de salud en infancias y adolescencias, la vida digital es parte constitutiva de la experiencia humana contemporánea, especialmente en niños y adolescentes. Su impacto, asegura, es fundacional, porque atraviesa el desarrollo emocional, los hábitos cotidianos y las formas de socialización desde edades tempranas.
En este nuevo escenario, la crianza digital ya no puede pensarse como una responsabilidad exclusiva del hogar. Se trata de un fenómeno que interpela a toda la comunidad y que exige regulación, prevención y una red de apoyo entre familias, instituciones educativas y el ámbito político. La tecnología no es un complemento: es un entorno en el que se construyen identidades, vínculos y expectativas.
Supply, quien trabaja en el Hospital Italiano de Buenos Aires y es coautor del libro Conectar en tiempos de pantallas, sostiene que el desafío no pasa por demonizar las pantallas ni por imponer prohibiciones extremas, sino por comprender qué buscan los chicos en esos espacios y cómo acompañarlos de manera consciente.
Crianza digital: de lo privado a lo público
El mundo digital atraviesa múltiples áreas de la vida de niños y adolescentes: juegos, redes sociales, aplicaciones y contenidos guiados por algoritmos y tendencias que muchas veces uniforman experiencias y dejan de lado las particularidades de cada subjetividad. En ese contexto, Supply advierte que el riesgo no está sólo en el tiempo de uso, sino en la calidad de los contenidos, el contexto en el que se consumen y la ausencia de adultos involucrados.
La crianza digital, explica, se volvió un asunto público porque impacta en ámbitos donde los chicos circulan a diario: la escuela, los clubes, los espacios comunitarios. Sin políticas de promoción de salud, marcos regulatorios claros y acuerdos entre adultos responsables, las respuestas llegan tarde. La prevención y la toma de conciencia son claves para evitar escenarios de daño.
Pantallas, adultos y ejemplo
Uno de los puntos más sensibles es la desconexión parental. Según Supply, niños y adolescentes perciben con claridad la contradicción entre los discursos adultos y las prácticas cotidianas: reciben indicaciones sobre límites, pero observan a un mundo adulto hiperconectado y poco autocrítico.
El especialista propone salir de la polarización entre “adicción” y “pantalla cero” y avanzar hacia estrategias posibles, adaptadas a cada familia. El foco debe estar puesto en dar sentido a los usos, involucrarse como ejemplo y abrir espacios de diálogo. La coherencia adulta es una herramienta central de acompañamiento.
En relación con los influencers, Supply evita generalizaciones. Reconoce que muchos responden a lógicas de mercado, pero destaca la importancia de que los adultos se interesen por los referentes que siguen niños y adolescentes, comprendan qué les atrae y evalúen si esos contenidos son acordes a su edad y a su desarrollo.
La vida digital no reemplazó las búsquedas esenciales de la infancia y la adolescencia: pertenencia, reconocimiento y lazo social. Lo que cambió fue la velocidad y la forma en que esas necesidades aparecen satisfechas. El desafío, concluye Supply, es acompañar sin negar, habilitar experiencias en el mundo físico y construir un equilibrio posible entre tecnología, vínculos y desarrollo emocional.
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