Viajar como forma de vida, crear desde la experiencia y diseñar objetos que acompañen el paso del tiempo. Así podría resumirse el recorrido de María Riachi Raviolo, arquitecta cordobesa que encontró en Sicilia mucho más que un destino: halló un punto de inflexión personal y creativo que dio origen a Vendicari Sicilian Atelier, un proyecto de mantas inspiradas en el paisaje mediterráneo y en una manera más lenta y consciente de habitar.
Lo que comenzó como un viaje para tramitar la ciudadanía italiana junto a su pareja, destaca Ohlalá, se transformó en una estadía de un año en la isla. Allí, entre limoneros, olivos, playas vírgenes y pueblos detenidos en el tiempo, María descubrió que el movimiento podía ser también un hogar. El contacto cotidiano con la naturaleza, los gestos simples de la vida local y los vínculos inesperados marcaron su sensibilidad y desplazaron su mirada desde la arquitectura tradicional hacia el diseño de objetos con sentido.
Vendicari toma su nombre de una reserva natural siciliana que recorre 16 kilómetros de costa. Ese paisaje —con lagunas, flamencos, acantilados y antiguas fábricas abandonadas— se convirtió en identidad, inspiración y manifiesto: crear desde el viaje, sin urgencias, y con materiales pensados para durar.
Del viaje al objeto
La idea de transformar la experiencia en un emprendimiento surgió casi de manera natural. Viajar implicó cuestionar rutinas, profesiones y modos de trabajo. Así apareció el deseo de desarrollar un producto propio, capaz de acompañar la vida nómade y de adaptarse a distintos lugares del mundo.
Las mantas playeras fueron el primer paso. Pensadas para el disfrute al aire libre, combinan algodón 100%, colores inspirados en el Mediterráneo y diseños que no buscan reproducir literalmente el paisaje, sino transmitir una interpretación emocional del entorno: el mar, la montaña, los cítricos, las sombras del atardecer.
Producidas en Buenos Aires, las piezas utilizan impresión digital directa sobre tela, lo que permite personalización y calidad, dos valores centrales del proyecto.
—¿Qué desafíos tiene emprender lejos del país de origen?
—Principalmente la organización: coordinar producción, envíos y tiempos a la distancia. Pero también permite ampliar la mirada y pensar el proyecto con mayor flexibilidad.
—¿Qué expectativas tenés para este primer año del proyecto?
—Consolidar Vendicari de forma sólida y ordenada, afianzar su identidad y seguir desarrollando productos con coherencia. Más que crecer rápido, crecer de manera consciente.
—Si tuvieras que resumir Vendicari en una idea o sensación, ¿cuál sería?
—Una forma de habitar el tiempo de otra manera, nacida del viaje y del vínculo con la naturaleza.
—¿Qué consejo le darías a quien sueña con viajar, cambiar de vida y emprender?
—Animarse a cuestionarse y a empezar sin tener todo resuelto. Viajar y emprender implican adaptarse, aprender y equivocarse. El proceso también forma parte del proyecto. Los límites, muchas veces, los pone uno mismo.
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