Córdoba, 22-10-2021

La historia de Juan Pablo Rodríguez

Candelaria Lanzaco

En tiempos de crisis… La solidaridad es más fuerte

Se trata de comunidades enteras que se ponen en pie, a partir de las necesidades más acuciantes y forman genuinos centros de contención, que llegan a contar incluso con escuelas donde desde los más pequeños hasta los más grandes aprenden y practican valores, además de los consabidos deportes.

Un ejemplo de vida  – Un tatuaje por una sonrisa

Juan Pablo Rodríguez tiene 41 años. Está casado y tiene cuatro hijos. Durante 20 años fue consumidor de drogas hasta que una noche en la que no se podía dormir, entró a la habitación de su hijo más grande y leyó en su cuaderno una frase que decía: “Odio a mi papá”.

A partir de ahí, la cabeza le hizo un clic y su vida cambió radicalmente. Era octubre de 2013. “Me acuerdo que pensé: tengo que hacer algo para cambiar el concepto que mi hijo tiene de mí. Yo soy tatuador y en ese entonces estaba en la barra de Belgrano de Córdoba, tenía locales de ropa en la Ruta 20 y como conocía mucha gente se me ocurrió hacer una campaña en la que tatuaba a los hinchas de Belgrano a cambio de un juguete. Y le puse: ‘Un tatuaje por una sonrisa’. Así empezó todo”, recuerda Juan.

Y la cosa siguió: como a mucha gente no le interesaba el tatuaje pero sí la causa, en poquitos días el local se le llenó de juguetes. Después vinieron hechos de público conocimiento: el 3 de diciembre Juan sufrió la ola de saqueos que tuvieron en vilo a toda la ciudad y se fundió. Unos días antes de Navidad habían hecho el primer viaje al norte cordobés: “Fuimos con mis hijos, mi mujer y tres Trafics llenas de juguetes. Cuando volvimos la idea era empezar a ver cómo nos levantábamos económicamente porque estábamos fundidos. El local estaba vacío, vino una mujer y me trajo una bolsa de juguetes y alimentos, atrás apareció un hombre con un colchón y más alimentos; la campaña ya había terminado pero se me ocurrió hacer una nueva y en Reyes hicimos el segundo viaje al norte, ya no sólo con juguetes, sino también con ropa y alimentos.”, detalla.

Al día de hoy, ‘Un tatuaje por una sonrisa’ ha realizado 97 viajes al norte cordobés, donde asiste a 200 familias; ha entrado al Impenetrable (Chaco) y lleva entregadas casi 200 sillas de ruedas. En Córdoba, asiste a 17 merenderos y tiene una escuela de rugby para chicos con síndrome de Down que funciona martes y jueves en el Parque de la Vida.

Además, tiene una escuelita de fútbol para niños amputados, que ya suma 50 chicos. “Armé esa escuela por Samuel. Lo conocí cuando él tenía cinco años, tiene una pierna amputada y después que le conseguimos la prótesis, me mandó un video pidiéndome que consiguiéramos una escuela de fútbol porque su mamá había buscado por dos años y no encontraba. Hoy tenemos una escuela donde juegan todos con todos. Les enseñamos valores y además a jugar al fútbol. Se llama ‘Los Pantera de Los Naranjos’ y Samuel es el capitán”.

Una tercera escuela es la de tatuadores. Ubicada en Colón 350, beca a uno o dos chicos por mes para aprender el oficio de tatuador.

Adicto a ayudar. Entre las cosas que relata, Juan cuenta esta historia: “Hace un par de semanas (viernes por la noche, tarde) suena el teléfono. Atiendo, eran del Jockey Club; habían hecho un evento de subasta de caballos, sobraba comida y querían que fuera a buscarla porque sino la iban a tirar. Me levanté, busqué a un par de amigos, buscamos las cazuelas, lomos, brochettes, y salimos a la terminal, al centro, a todos lados. Estuvimos hasta las cuatro de la mañana repartiendo comida”.

También cuenta que trabaja en campañas de concientización: “Hemos tatuado a mujeres que sufrieron violencia de género y que les quedó cicatriz. Yo las tatúo con la condición que me cuenten su historia y me autoricen a publicarla en las redes para que otras chicas que estén pasando por lo mismo se animen a denunciar”, explica. También ha tatuado a mujeres con cáncer de mamas, que tienen cicatrices muy grandes y profundas, como una manera de mostrar la importancia de la prevención.

Apoyo financiero. Si bien el Ministerio de Desarrollo y el de Salud les están haciendo algunos aportes este año, el año pasado estuvieron a punto de cerrar porque no podían financiarse.

“Ahora estamos necesitando máquinas de coser para abrir el taller de diseño; la idea es generar fuentes de ingresos para mamás solas que son sostén de familia”, finaliza Juan.

Un tatuaje por una sonrisa: https://www.facebook.com/pg/untatuajeporunasonrisa

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