María Sol Gianasi: una cordobesa en la final del Prix de Lausanne en Suiza

Tiene 17 años y participará de la ronda final de uno de los certámenes más importantes del mundo. Es la única argentina entre tres participantes sudamericanos en la competencia.

Revista OCIO

El multipremiado coreógrafo argentino Oscar Araiz, dice que es muy difícil saber dónde empiezan ciertas cosas y que el arte es producto de una ausencia, de algún juego que uno inventa para encontrar algo que le faltaba. Y ese pareciera haber sido el comienzo del camino que hace 14 años transita María Sol Gianasi, quien conserva recuerdos de sus primeros pasos en la danza cuando aún usaba pañales.

“Me recuerdo compartiendo el juego con mis compañeras, con muchas risas”, dirá al inicio de la charla que PERFIL CÓRDOBA mantuvo con ella mientras espera el resultado del certamen que la tiene como finalista.
Gianasi empezó a estudiar danza a los 3 años, pero no fue sino hasta los 6 que se dio cuenta que el ballet se convertiría en el eje de su vida, cuando vio a una bailarina en una película y le dijo a su mamá:

“Me gustaría aplicar a alguna compañía de ballet europea o norteamericana”

“Yo quiero hacer eso, ponerme las zapatillas de punta y bailar”. Pasó por disciplinas como el árabe, jazz, folclore, contemporáneo y teatro, hasta que a los 8 años se inclinó definitivamente por la danza clásica. Audicionó para ingresar al Teatro San Martín y a partir de allí ya no se detuvo.

El próximo 6 de febrero se darán a conocer los resultados de la competencia de la que participaron 400 aspirantes de 43 países y que la tiene entre los únicos tres sudamericanos en carrera.

—¿Qué significa haber quedado en la final del Prix de Lausanne?
—Un sueño, porque es la posibilidad de que compañías internacionales de danza te puedan ver y eso abre muchísimas puertas para poder seguir estudiando y creciendo en lo que yo quiero, que es bailar.

—¿Cómo fue el proceso de selección?
—Tuve que participar de una preselección sudamericana, que este año fue online, en la que seleccionaron a 10 finalistas de los cuales los tres primeros irían a Suiza. En primer lugar fue una brasileña, en segundo lugar quedé yo y en tercer lugar, otro brasileño. Luego se hizo una selección a nivel mundial, de la que participaron 399 bailarines y quedaron 79; entonces seremos 82 bailarines los que competiremos en las finales del Prix de Lausanne.

—¿Será virtual o van a viajar a Suiza?
—Teníamos planeado viajar con mi maestra, pero por la pandemia va a ser una edición online.

—¿Cómo sigue todo a partir de ahora?
—Tengo que enviar un material que consiste en variación de repertorio clásico y contemporáneo y en febrero será la competencia. Se va a transmitir por los canales del Prix de Lausanne desde el 1 hasta el 6 de febrero. De los 82 seleccionados pasan 20 a la final, a quienes les otorgan becas de estudio y también tendrán la posibilidad de integrar compañías internacionales de danza.

—¿Y vos a qué aspirás? ¿Qué te gustaría?
—Me gustaría aplicar a alguna compañía de ballet europea o norteamericana, para poder continuar mi carrera de una forma profesional. Por ejemplo, al Royal Danish Ballet o al American Ballet de Nueva York (ABT).

—¿Cómo te preparaste para esta competencia?
—El año pasado tuve la posibilidad de entrar al Teatro Colón como alumna regular, a través de una audición. Viajé a Buenos Aires pero solo pude cursar una semana porque luego decretaron la cuarentena, así que tuve que volver a Córdoba y cursar a través de Zoom el quinto año. Tomaba clases de lunes a viernes por la mañana y a la tarde continuaba por Zoom clases muy largas con mi maestra, Valeria Brizuela, que es ex bailarina del ballet oficial de la Provincia. Cuando en septiembre volvieron a abrir los salones de danza, un estudio nos abrió las puertas y pudimos seguir entrenando. En ese proceso se dio la oportunidad de enviar un video de una clase al Prix y con mi maestra, con la que siempre nos proponemos nuevas metas, lo hicimos. Es muy gratificante saber que si uno estudia, trabaja y lucha por los sueños, se pueden convertir en realidad.

—Y además, ser la única argentina que llegó a esta instancia.
—Sí. Me llena de orgullo saber que voy a poder representar a mi país.

—¿Cómo congeniás esta dedicación con el resto de tu vida?
—Por suerte pude continuar mis estudios de manera virtual con un sistema de educación a distancia. Tengo mis 12 materias, rindo a mitad de año seis materias libres y a fin de año las otras seis. Así que nunca dejé de estudiar. También tengo amigas que me apoyan, algunas veces por los ensayos cancelo juntadas ya planeadas y ellas están siempre ahí. Me parece bueno tener un equilibrio entre mi vida personal y mi vida profesional.

—¿Cuál es la rama de la danza en la que mejor te movés?
—La danza clásica. Lo que se siente al salir al escenario y poder transmitir al público todas esas sensaciones mágicas e interpretar un rol, me parece muy gratificante.

—De los roles que has representado ya, ¿cuál es el que más te gustó hacer?
—En 2018 interpreté al Hada de Azúcar, del ballet de Cascanueces. Realmente fue maravilloso, lo disfruté un montón. Fue también la oportunidad de hacer mi primer Pas de quatre, que es un baile de cuatro bailarines. Y coincidió con la reapertura del Teatro San Martín, así que fue espectacular.

—¿Quiénes son tus referentes en materia de danza?
—Mi referente principal es mi maestra. Más allá de la danza clásica podemos ver al ballet de una forma amorosa en la que el cuidado del cuerpo siempre está presente. Ella realmente me inspira y siempre me apoya en todos los proyectos.

—¿Y a nivel mundial?
—Mi gran inspiración es Marianela Núñez. Me encanta la conexión que ella establece con el espectador y todo lo que es capaz de transmitir cuando realiza un rol. Me eriza la piel cada vez que la veo porque aparte de su técnica, que es maravillosa, poder llegar al otro y provocarle sensaciones es increíble.

—¿Cómo te ves o dónde querrías estar en 10 años?
—Me encantaría poder estar en una compañía de ballet, rodeada de gente que le guste bailar, de mis amigos, de mi familia. Me imagino siempre bailando y cumpliendo nuevos sueños.

—Si no fueses bailarina, ¿qué te hubiese gustado ser?
—Me gustaría poder hablar todos los idiomas. Ese es un sueño que quiero cumplir.

—Bueno, hablás inglés.
—Sí, y lo sigo estudiando. Y ahora también estoy estudiando francés.

 

POR GUILLERMINA DE LUPI – PERFIL CÓRDOBA


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